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Preocupa el silencio alrededor de megaproyectos
de infraestructura en Sudamérica

Sorprende el silencio que rodea a la más grande iniciativa de integración sudamericana en materia de infraestructura, tanto por la magnitud y escala de los proyectos que involucra, como por su incidencia en la vida de las comunidades -plano económico, jurídico, político, social, cultural y ambiental.

Montevideo, 31/10/07.- La estrategia parecería ser de “hechos consumados”. Primero, construir proyectos en partes separadas, no visiblemente conectados, para luego enlazarlos a escala regional.

Aunque no está en el debate parlamentario, ni el tratamiento regular de los medios de comunicación, y menos aún formando parte de instancias de discusión y participación de la sociedad civil, la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional en Sudamérica (IIRSA) avanza.

Sorprende el silencio que rodea a la más grande iniciativa de integración sudamericana en materia de infraestructura, tanto por la magnitud y escala de los proyectos que involucra, como por su incidencia en la vida de las comunidades -plano económico, jurídico, político, social, cultural y ambiental.

La idea surgió en agosto de 2000, durante la I Reunión de Presidentes de América del Sur realizada en Brasilia, y fue apoyada por 12 países.

Consiste en mejorar la competitividad de la región a través de la modernización de la infraestructura regional en materia de transporte, energía y telecomunicaciones.

Se supone que con ello cada país se proyectará mejor hacia la interna continental, y hacia los mercados del mundo.

Incluye numerosos megaproyectos (miles de millones de dólares de inversión) sobre la base de 10 ejes de integración geográfica. Uruguay está involucrado en dos de ellos: 1) El eje vial Mercosur-Chile –que unirá puertos sobre los océanos Atlántico y Pacífico, y ciudades como Río de Janeiro, San Pablo, Asunción, Montevideo, Buenos Aires y Santiago de Chile, entre otras. 2) La Hidrovía Paraguay-Paraná, que finalmente se conectaría con las cuencas de los ríos Amazonas y Orinoco, concretando una red fluvial que pretende unir nada menos que el Caribe con el Río de la Plata.

IIRSA tiene en ejecución o preparación varios proyectos en nuestro país: cambios significativos en la infraestructura vial, en el marco regulatorio del sistema eléctrico y de las telecomunicaciones, así como el estado de integración energética con los países del Mercosur.

Los proyectos identificados incluyen obras de alto impacto en todos los órdenes, en infraestructura del transporte terrestre, aéreo y fluvial, oleoductos, gasoductos, hidrovías, represas hidroeléctricas, puertos marítimos y fluviales, tendidos eléctricos y de fibra óptica.

La iniciativa también necesita lograr cambios en las legislaciones y disposiciones nacionales –convergencia normativa- para facilitar el comercio, procurando “desregular” y superar varios controles nacionales.

La directa vinculación entre transporte, energía y telecomunicaciones no es caprichosa. Por el contrario, permitiría en tiempo real hacer operativa para la exigencia del comercio mundial actual, el fluido acceso internacional a las enormes riquezas naturales de Sudamérica.

Nuestro continente es privilegiado porque reúne los cuatro recursos naturales estratégicos: biodiversidad, agua, hidrocarburos y minerales.

No hay información de calidad hacia las comunidades, ni estudios de impactos ambientales y sociales acumulativos en los países y la región.

Los proyectos se implementan y avanzan en llamativo silencio. No se discuten en los parlamentos, ni con la sociedad civil.

La estrategia parecería ser de “hechos consumados”. Primero, construir proyectos en partes separadas, no visiblemente conectados, para luego enlazarlos a escala regional.

Si reconocemos el alto valor que la participación civil tiene en cualquier iniciativa local, cuánto más si se trata de megaproyectos que cambiarán la geografía, la producción, la calidad ambiental y vida de la gente.

Fuente: Hernán Sorhuet / Diario El País, Uruguay 

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