Biocombustibles, agrocombustibles,
Instituciones Financieras Internacionales
e inversión privada: una panorámica general
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Washington DC, 31 agosto 2007 / Por Paulina Novo
La producción de biocombustibles líquidos esta llamando la atención tanto de inversionistas privados como de los países desarrollados y los países del Sur por diversas razones. Entre éstas está el mitigar los efectos de los gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento global, prometen estimular el “desarrollo” rural y dar seguridad e independencia energética. Actualmente, con los estudios efectuados, las dos formas efectivas, en términos de costos y eficiencia, en la producción de biocombustibles como artículo de compra y venta es el etanol de caña de azúcar, seguido por el biodiesel a partir de aceites vegetales. En Estados Unidos la mayoría de la producción de biodiesel es de soja y la de etanol de maíz. El ejemplo modelo de la industria de los agrocombustibles, o bien biocombustibles como comúnmente se les denomina, es Brasil, que produce un considerable porcentaje de sus productos energéticos a través de los biocombustibles.
La producción en Brasil es de 4.000 millones de galones anuales de etanol.[1] Así, Brasil ha demostrado ser el líder en el área, especialmente en la producción de etanol de caña. El uso de etanol en Brasil en el área de transporte es sumamente elevado. El 80% de la demanda de uso de etanol en el mundo viene de Brasil y los Estados Unidos. El porcentaje de uso de biocombustibles reemplazando a la gasolina es del 40% en Brasil y 3% en Estados Unidos. Europa también tiene un programa a gran escala y primordialmente produce biodiesel de la canola. El interés de varios países en Latinoamérica ha aumentado considerablemente en los últimos dos años.[2]
De acuerdo a los estudios realizados por el Programa de Asistencia Gerencial del sector Energético del Banco Mundial (ESPAM por sus siglas en inglés) el ejemplo de Brasil se usa constantemente como un modelo clave. Sin embargo, no está basado en una realidad ya que es un modelo difícil de replicar por las particularidades climáticas y los avances tecnológicos, específicos para sus condiciones, alcanzados en los más de 25 años de experiencia con el programa de etanol y factores muy específicos de la región. Aun así, aunque sea indiscutible el gran avance que se ha logrado, sería irresponsable ignorar los obstáculos a los que tuvieron que sobreponerse. Por ende, la producción de etanol debe responder a más de una pregunta acerca de su efectividad de costo independiente, es decir, sin el uso de fuertes subsidios y su verdadera contribución a las emisiones de gases de efecto invernadero siguiendo la formula “desde la fuente hasta la rueda”; es decir, desde la cosecha, incluyendo los usos de sus pesticidas, hasta el momento que se lleva al usuario.
La producción de etanol de caña en Brasil
La producción de caña necesita del uso intensivo de agua. En el estado de Sao Paulo, en Brasil, donde más de la mitad de las tierras de cultivo se utilizan para la producción de caña, disfrutan de la ventaja competitiva del regado natural por la lluvia. Ahora bien, el análisis de beneficio-costo demuestra la inviabilidad de la iniciativa, si esta requiere de irrigación artificial. De las 500 variedades de caña, solamente se usan 20 tipos de caña en la producción de etanol. En esta área ha habido un enorme avance en la producción de variedades de caña genéticamente modificadas que son resistentes a muchas plagas.
La diversificación de tipos de caña es clave para la estrategia de control de las diferentes plagas y enfermedades en el cultivo de la caña. La región centro sur del Brasil tiene la productividad más alta y el menor costo de producción mientras que el noroeste tiene muy baja productividad y altos costos: esto se debe a que la tierra no es buena y se necesitan más recursos humanos. Asimismo en la industria de la siembra de caña en general las condiciones de trabajo y los salarios son deplorables. De acuerdo al Centro de Defensa de la Ciudadanía y de los Derechos Humanos Marçal de Souza Tupã-i, en Brasil al trabajo en los ingenios de azúcar se lo ha calificado como trabajo degradante “por las condiciones poco saludables en que los indígenas ejercen las actividades y por las condiciones de alimentación y alojamiento a las que se ven sometidos durante el período de trabajo cuando duermen en las haciendas de caña”.[3]
Además de no ofrecer un verdadero desarrollo rural al tratarse de trabajos de baja remuneración, la industria de los biocombustibles también trae impactos económicos negativos y conflictos sociales. Después de la primera crisis petrolera de 1973-1974, como resultado directo de los incentivos en formas de créditos provistos para la construcción de destilerías y hasta un 75 por ciento de subsidios donde los principales beneficiarios fueron los grandes productores de agrocombustibles, hubo una gran expansión en las áreas de la caña para su producción: tanto que se alcanzó un nivel de sobreproducción. Esto se produjo mediante la adquisición de tierras de productores pequeños que plantaban cultivos de comida. Así, los subsidios bajo el programa Proalcool (pro-Alcohol) a los cultivos de biocombustibles hicieron poco competitivos a los productores de alimentos. Esto, a su vez, trajo fuertes enfrentamientos entre los agricultores que habían sido forzados a salir fuera de sus tierras y los grandes terratenientes que en ocasiones ocupaban o delimitaban sus tierras más allá de sus derechos de propiedad. [4]
La producción de los biocombustibles, sobre todo en los primeros 10 años, vino acompañada de numerosos problemas. Hubo muchas consecuencias negativas tanto sociales como ambientales, entre ellas la contaminación de ríos y muerte de peces a consecuencia del verter los desechos de la vinaza (en la producción de 1 litro de etanol se producen entre 10 y15 litros de vinaza), problemas de la malas condiciones de los trabajadores en la industria, contaminación del área por la quema de los campos de residuos y competencia con otros productos alimenticios y de agricultura.
Plantación de caña de azúcar.
Fuente: Human Rights Watch
En ocasiones, como sucedió en 1988, el precio del azúcar subió considerablemente y el gobierno abrió la industria para la exportación. Al año siguiente hubo una falta de abastecimiento nacional para la manufactura del etanol lo que condujo a que el gobierno permitiera la importación del mismo, convirtiendo a Brasil en el principal importador de etanol. A pesar del problema de fondos fiscales que trajeron los subsidios de Proalcool, el gobierno se vio obligado a continuar con su implementación porque de lo contrario la industria hubiera enfrentado serios estragos. Además de las garantías y subsidios, se concedieron préstamos de carácter público y con garantías del estado a agricultores e industrias procesadoras de etanol. Sin embargo, el pago de estos préstamos se convirtió en un problema. Una comisión interdepartamental creada con este propósito determinó que sólo la deuda al Banco do Brasil era de 2.500 millones de dólares y se calculaba que el subsidio que significaba las deudas no pagadas del 1999-2000 era de $0.049 dólares por litro (o sea 20% del precio final por litro de etanol).[5] En 1989 se produjo el pico de producción del etanol en Brasil a 11 millones de metros cúbicos cayendo a 5,1 en el 2000 y siguió en declive hasta el 2004. Los precios del petróleo y los esfuerzos del gobierno por mantener la moneda nacional fuerte convirtieron al etanol en un producto incompetente desde el punto de vista de su costo. Así también, el mercado de exportación del azúcar tiene un fuerte impacto en la oferta del etanol, teniendo problemas de abastecimiento cuando el precio del azúcar sube.[6]
Aún en el caso de Brasil estamos hablando de un mercado sumamente volátil. Por ejemplo, en los dos últimos meses los biocombustibles han sido económicamente rentables sin embargo; hace apenas unos meses, Brasil registraba pérdidas en la producción de los mismos. Algunos analistas especulan que la producción de etanol en Brasil ha sido la causa de que los precios de los pastos y granos para la producción de etanol y biodiesel subieran.
En el caso del Brasil, la producción de biocombustibles basados en la producción de caña es el producto más viable económicamente. Brasil ha sido capaz de producir etanol, gracias a las condiciones climáticas y a la tecnología desarrollada. La premisa que usa tanto la industria de biocombustibles como el gobierno de Estados Unidos es que este modelo se replique en otros países para alcanzar la autosuficiencia energética. La Senadora María Cantwell, demócrata por el Estado de Washington, dijo que el ejemplo de Brasil demostraba que los biocombustibles eran “el único camino para romper la adicción a la importación de petróleo”[7]. Sin embargo, todavía falta por encontrar lugares donde esto pueda ser viable desde el punto de vista económico. En Latinoamérica, de hecho, ha habido muy pocas investigaciones de viabilidad tanto económica como agrícola de la producción de biocombustibles que sugieran una forma tan eficiente de producción que si quiera se acerque a la efectividad de producción del etanol de caña del Brasil.
Cambio Climático y la fórmula “de la fuente a la rueda”
Fuente: Diario Hoy
El tema de los biocombustibles es un tema candente en materia económica y de energéticos y cada vez más polémico en el tema social y del medio ambiente. Hay quienes han enmarcado este debate dentro del debate del cambio climático, comúnmente conocido como calentamiento global. El Tratado marco de las Naciones Unidas sobre el cambio climático y su precedente el Protocolo de Kyoto, contemplan el intercambio de emisiones de carbono a través del Mecanismo para el Desarrollo Limpio (MDL) dentro del cual se pueden adquirir créditos de carbono mediante la construcción de proyectos verdes en otros países. Esto es un incentivo para el desarrollo de este tipo de proyectos. En este caso, dependiendo de la tecnología, habrá casos donde la fórmula “de la fuente a la rueda” (well to wheel en inglés) funcione y las emisiones de carbono tengan una cifra positiva para la reducción del calentamiento global. De acuerdo a Todd Johnson, especialista en energía y antiguo director del departamento de Cambio Climático del Banco Mundial, en realidad la fórmula no resulta positiva si se tienen en cuenta todos los pesticidas y el proceso desde la plantación hasta el transporte. Esto es muy importante, sobre todo frente a los millones de dólares invertidos en tecnología y fabricación. En una entrevista del Berkeley Daily Planet al profesor Miguiel Altieri y al Dr. Holt-Giménez, Director de Food First, en febrero del 2006 aseguraron que el balance de energía es poco prometedor. Además, establecieron que “de acuerdo a las investigaciones de Patzek y Pimentel se pueden ver serios resultados negativos en la producción de biocombustibles. Otros investigadores ven un rédito de 1,2 a 1,8 para el etanol en sus mejores estimaciones”.[8]
Los Agrocombustibles y sus Impactos
Entre las comunidades y las organizaciones no gubernamentales del Norte y del Sur se han despertado muchas preocupaciones respecto a los impactos negativos del modelo y las premisas propuestas por la industria productora de los biocombustibles que afectarán particularmente a los países del Sur. Entre estos temas esta la redirección del agua para estos cultivos, la seguridad y soberanía alimentaria, la expansión de la frontera agrícola, erosión de suelos, impactos sociales a causa del “desarrollo rural”, uso de la tierra y deforestación, entre muchas otras preocupaciones.
Uno de los temas más polémicos, que no sólo afecta la viabilidad y eficiencia de la producción de biocombustibles, en especial etanol de caña, es la necesidad de irrigación intensiva de estos cultivos. Es importante el no redirigir el uso del agua para cultivos alimenticios a cultivos para la producción de biocombustibles. El tema de usar el agua como recurso para abastecer a las personas y no a los motores de los coches fue un tema que se trató durante la Conferencia Mundial del Agua en Estocolomo. Johan Kuylenstierna, Director de la Conferencia, afirmó que los gobiernos y las compañías que están debatiendo el tema de los biocombustibles como una solución, deben pensar en los problemas relacionados con el uso del agua.
Una de las principales preocupaciones con este tema es la seguridad y soberanía alimentaria. La utilización de granos para el consumo humano y animal para hacer biocombustibles puede potencialmente poner en riesgo la seguridad de que hay suficiente producción de alimentos para la población del mundo, en particular cuando se habla de un producto de consumo básico, como son el maíz o la soya. Otro asunto relacionado es el alza de los precios de estos mismos productos básicos. Con la producción masiva e industrializada en el modelo con el que se trabaja hoy en día para la producción de biocombustibles se ha visto ya el alza de algunos productos, como en el caso del maíz. Aquí en los Estados Unidos los grupos de presión de los grandes industriales de la agricultura están chocando con sus contrapartes que trabajan para la industria de la carne, cuyo precio se ha encarecido como resultado directo.
Otra gran preocupación es la expansión de la frontera agrícola al Amazonas. La “explicación” de que la Amazonía no está en peligro por la expansión de la industria de la caña -debido a la inviabilidad de su siembra en la selva-, es una falacia según Roberto Smeraldi, de Amigos de la Tierra Amazonia. En la actualidad, la caña se cultiva en áreas de Sao Paulo, Mato Grosso y Mato Grosso do Sul, en el sureste y sur centro de Brasil, esto gracias a las condiciones naturales de la región. La caña puede ser irrigada por las lluvias y con un clima ideal. Uno de los razonamientos que se usa para argumentar que no habrá una expansión del cultivo de la caña a la Amazonía es que la selva no tiene las condiciones naturales para su cultivo, debido a que la caña necesita también tres meses de sequía, pero la realidad ha demostrado que hay tipos de caña de muy alta calidad que se pueden cultivar en la Amazonia. Cerca de Manaus, por ejemplo, hay una empresa cañera que suple de azúcar a la Coca-Cola local y la empresa sembró una excelente calidad de caña. Además, cabe resaltar, que recientemente esta empresa recibió una multa del gobierno por las condiciones de esclavitud en las que tenía a sus trabajadores. Sin embargo, decir que la Amazonía no está en peligro directo por la expansión directa de plantíos de caña es tal vez verdad, por razones de costos, más que de viabilidad. Lo que no descarta la posibilidad de que la caña pueda entrar a la selva misma. Sin embargo, como afirma Smeraldi, hay otros peligros inmediatos y asociados directamente con la producción masiva de biocombustibles, el ciclo vicioso de la siembra de la soja y los incentivos de las multilaterales y del país mismo a expandir la frontera agrícola hacia la Amazonia. “Estamos muy preocupados en Brasil por la utilización de suelos de buena calidad incluyendo la Amazonia y que son sitios de alta importancia por su biodiversidad” dijo Alcides Farias, director de la organización brasileña Ecoa. Esta expansión es lo que los defensores de los agrocombustibles denominan “desarrollo” rural y creación de nuevas fuentes de trabajo. Este proceso ya está en marcha con la ayuda de préstamos del Banco Mundial para la industria del ganado y curtiduría, se han otorgado como incentivos que promueven mover la ganadería de la región de Sao Paulo hacia la Amazonía.
“Desarrollo” rural es el nombre que se le da a la expansión de la frontera agrícola a tierras totalmente productivas provocando la erosión de las mismas por medio de la siembra de plantíos destructivos de las riquezas de los suelos como son los plantíos de la caña. También se abre la puerta a una fuerte inmigración por la creación de empleos de mano de obra barata, lo cual tiene fuertes impactos en las comunidades locales. Históricamente, los plantíos de caña se conocían por ser un trabajo arduo, mal remunerado y con altos niveles de abuso a los derechos humanos y laborales. Este “desarrollo” rural promete la creación de puestos de trabajo tanto en el procesamiento como en la siembra. La experiencia con las condiciones de los plantíos de caña han sido históricamente deplorables, ya que hay una baja remuneración, en condiciones de esclavitud, sin beneficios ni protección. En las mismas palabras del señor Vellutini, Vicepresidente del Departamento de Medio Ambiente e Infraestructura del BID, en el asunto de los biocombustibles, el medio ambiente era lo que menos le preocupaba, lo que más le preocupaba eran “las condiciones de los trabajadores”. Aludió a su experiencia pasada al decir que él mismo había trabajado con los jornaleros de “comida fría” en Brasil y que le preocupaba mucho este asunto en relación a la industria del etanol.[9]
El uso de la tierra es un tema muy importante ya que cada hectárea que se avanza hacia la sabana, la Amazonia, las reservas naturales o sobre cualquier otra zona rica en biodiversidad es una pérdida que vas mas allá de la cantidad de tierra; afecta toda la cadena de la vida y deja una huella difícil de calcular en términos del fuerte impacto en la biodiversidad del planeta. Hay que incluir también en la fórmula del “beneficio” del uso de los biocombustibles en el cambio climático la pérdida de bosques a consecuencia de la expansión agrícola en zonas forestales y los incentivos y ciclos creados por otros cultivos como la caña, que después se pueden usar para la cosecha de cultivos para biocombustibles.
La Inversión de las Instituciones Financieras Internacionales (IFIs)
El ESPAM realizó un estudio conjunto con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para investigar y dar una recomendación acerca del potencial del uso y producción de los biocombustibles a corto y mediano plazo en los países en vías de desarrollo. El estudio, titulado Potencial para los Biocombustibles para el Transporte en Países en Vías de Desarrollo, 2005 (actualmente sólo disponible en inglés), fue realizado por Masami Kojima y Todd Johnson. Este documento sugiere que el modelo de Brasil en términos de producción de biocombustibles es actualmente un modelo que a corto plazo es difícil de reproducir, tanto por las condiciones climáticas como por la tecnología específica que se necesita. En su análisis económico de la producción de biocombustibles y mercadotecnia [10] sugiere que, dependiendo del cultivo y de la tecnología, es posible producir biocombustibles que ayuden a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. No obstante, advierte que para poder deducir si ésta es la mejor inversión, se tiene que tomar en cuenta el costo de oportunidad a cada paso, el cual, en muchas ocasiones no parece una inversión eficiente. Johnson concluyó que no existen pruebas de que los biocombustibles contribuyan positivamente a la reducción de emisión de gases de efecto invernadero, ni que sean económicamente redituables. Dijo que es por esto que la industria de los agrocombustibles necesita de fuertes subsidios, como sucedió en la década de los setenta en Brasil. [11]
Así, y según las mismas palabras de Johnson, por recomendación de su estudio, el Banco Mundial actualmente ni está invirtiendo ni recomienda la inversión en biocombustibles a sus países miembros. El estudio no tuvo un buen recibimiento en los países productores de biocombustibles, principalmente Brasil y Estados Unidos, y mucho menos en la industria. Aun cuando el resumen de su informe parece entre líneas alertar de los posibles impactos y la dificultad de la viabilidad económica de los biocombustibles, como explica Johnson son obvias “las terribles presiones políticas a las que se vio sometido su equipo”, principalmente presiones por parte de los gobiernos de Brasil y Estados Unidos. Habida cuenta de la problemática socio-ambiental y económica, Johnson, como especialista de energía del Banco Mundial y encargado de los estudios económicos y ambientales de los biocombustibles, hoy por hoy no recomienda que el Banco Mundial o los países de Centroamérica y Latinoamérica inviertan en biocombustibles. Además, recalcó que no hay duda alguna de que la industria necesitará de grandes subsidios. Las grandes agroindustrias estadounidenses estarán cabildeando y buscando más subsidios a su producción por parte de los gobiernos.
Por otro lado, el ex-presidente del Banco Mundial Paul Wolfowitz, cuando aún estaba al frente del Banco, afirmó que la producción más eficiente y el futuro de los biocombustibles está en la producción a partir de la celulosa (producción de biocombustibles utilizando el bagazo de la caña). No obstante, de acuerdo a los análisis realizados por especialistas estamos a años de tener la tecnología adecuada para producir biocombustibles de la celulosa. El mismo Wolfowitz reconoció la problemática a la que la industria se enfrenta. En una conferencia ante el Congreso de Estados Unidos felicitó los “alcances de la industria del etanol pero advirtió que aunque otros países deben buscar una independencia energética similar, el éxito de Brasil no significa que un éxito igual se pueda lograr en otros lugares”[12].
Sin embargo Johnson destacó que existe una diferencia entre los términos biocombustibles y bioenergía: el Banco está interesado en seguir estudiando.
A pesar de las recomendaciones del ESPAM y aunque el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), del Grupo Banco Mundial, no están invirtiendo en biocombustibles, la Corporación Financiera Internacional (IFC), parte del Grupo del Banco Mundial, y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sí están invirtiendo.
El Banco Interamericano de Desarrollo y los Biocombustibles
Los Proyectos del BID [13][1] *
Proyectos biocombustibles BID. 30 agosto 2007
En abril de este año el Banco Interamericano de Desarrollo anunció un apoyo a inversiones con un alcance de 3.000 millones de dólares destinados a proyectos del sector privado para biocombustibles.[14] En realidad estos números dan una idea equivocada; el BID no estará financiando esta cifra pero contribuirá por medio del sector privado del BID en asociación con otras inversiones privadas. El nuevo vicepresidente de Infraestructura y Medio Ambiente, Roberto Vellutini, antes parte del sector privado del BID, dijo en una entrevista que en realidad el Banco no tenía todos estos fondos designados para los biocombustibles y que la inversión actual del BID se limitaba a fondos de apoyo para levantar y complementar fondos de inversionistas privados para expandir la capacidad de producción.
El BID está trabajando en varios proyectos de estudio en Centroamérica, junto con la financiación de 3 proyectos de ingenios productores de la caña que tendrán un costo total de US$570 millones. El BID, al ser cofinanciador, sólo invertirá el 30%. A principios de agosto se aprobó el proyecto Moema, por 40 millones de dólares. Los $570 millones son para el proyecto Moema y 3 proyectos nuevos denominados “greenfields”, dos en Minha Gerais y uno en Matto Grosso do Sul. El BID invertirá en 10 proyectos adicionales. Existe además un memorando de entendimiento (MoU) entre Brasil y Estados Unidos para el desarrollo en el área de biocombustibles, resultado de la gira del presidente George Bush a Latinoamérica en marzo del 2007. De conformidad con el acuerdo entre Estados Unidos y Brasil para transferir la tecnología de producción de etanol, se decidió hacer un estudio analítico conocido como “blueprint” de cada país. Es una radiografía donde se analizan todos los factores para determinar la viabilidad de cada país.[15]
El “blueprint” es el primer paso, es la base para saber cuáles son los siguientes pasos a tomar, que serían: marco regulatorio y acceso al sector público y privado para que se realice de forma adecuada. Actualmente el BID trabaja en la viabilidad en El Salvador, República Dominicana y Haití, en ese orden para realizar estudios de factibilidad y asistencia pública. Son muchos países en Centroamérica que no tienen petróleo, por lo que están sujetos a la volatilidad del precio del petróleo. Son mucho países los que quieren entrar en la “era del etanol”, especialmente Guatemala y El Salvador, donde ya existe un marco regulatorio.
De acuerdo a un comunicado de prensa del mismo banco, el BID pretende apoyar la meta que el gobierno de Brasil ha establecido de convertirse en el centro por excelencia de investigación y desarrollo de biocombustibles. En los planes está también el transferir información y asistencia técnica desde Brasil hacia otros países de la región; así el BID desempeñaría un papel de facilitador en estas iniciativas.
Resultados del Programa Mesoamericano de Biocombustibles co-organizado por BID-SGSICA
El presidente del BID, Luis Alberto Moreno junto con Jeb Bush, ex-Gobernador del Estado de Florida y hermano del presidente de los Estados Unidos, y Roberto Rodríguez, presidente del Consejo Superior de Brasil y ex-Ministro de Agricultura de ese país encabezan la Comisión Interamericana de Etanol. La comisión nace de una propuesta enviada por Jeb Bush al presidente George Bush en abril de este año. Los directivos de la comisión fueron nombrados por los miembros del Florida FTAA, que es el cuerpo que se encarga del Tratado de Libre Comercio de las Américas, con sede en Florida y del cual Jeb Bush es miembro. “La propuesta del ex-Gobernador es la llamada “Política Hemisférica del Etanol” que establece que los Estados Unidos deberán generar 15.000 millones de galones de etanol por año para 2015, casi el 10% de la demanda nacional actual de gasolina y el doble de lo requerido por la Ley de Política Energética de 2005”[16], lo que significa un nuevo gran mercado para la industria de la agricultura y los productores de etanol.
La Comisión Interamericana de Etanol sirve de acuerdo a su misión para “impulsar el conocimiento de las ventajas de los combustibles renovables para las economías de todo el continente americano y contribuir a la formación de un marco para un mercado regional de etanol viable, fomentando la guía política necesaria para impulsar la inversión tanto extranjera como local para la producción e infraestructura de combustibles renovables.[17] De acuerdo a Jessica Fernández, representante de relaciones públicas de la comisión, esta es una asociación público-privada para promover el etanol en el continente americano como producto de intercambio y una alternativa a la situación “geopolítica petrolera y el beneficio que esto traería con la reducción de las emisiones de CO2”. La comisión está por publicar un estudio acerca del etanol en cooperación con el IICA (Instituto Interamericano de la Cooperación para la Agricultura[18]).
El Banco Nacional de Desarrollo del Japón ayudará a financiar las destilerías que tendrán como clientes exclusivos los mercados japoneses. La inversión en estas destilerías, de acuerdo a Pulo Roberto Costa, ejecutivo de Petrobrás, podría alcanzar hasta 200 millones de dólares cada una. Petrobrás y Mitsu &Co. Ltd abrirán subsidiarias basadas en Brasil. Un proyecto entre Brasil y Japón de una inversión de ocho mil millones de dólares proveerá etanol de azúcar de caña para suplir a los mercados japoneses. Japón requerirá de 1.8 mil millones a 6 mil millones de litros de etanol por año, de acuerdo a los objetivos de un 3 a un 10% de combinación de etanol y petróleo. Petrobrás anunció también la firma de un memorando de entendimiento con Mitsu para que una compañía estudie la posibilidad de construir un gasoducto para ayudar a exportar etanol a Japón[19].
La inversión privada
En 2004, George Bush estableció que el 20% de la gasolina de los Estados Unidos en 2017 estaría suplementada con “combustibles alternativos” principalmente el etanol y estableció como objetivo nacional “reemplazar más del 75% de nuestras importaciones de petróleo de Oriente Medio para el 2025” y ha abogado por el etanol como una de las principales fuentes para conseguir ese objetivo. Incluso se le ha dado el sobrenombre de “Promotor Jefe” del etanol” [20]. No es entonces sorprendente encontrar un gran empuje de cabildeo por parte de la agro-industria para seguir empujando el tema de los biocombustibles en la Ley Agrícola de los Estados Unidos. Esto crea potencialmente un gran mercado para la agro-industria y es así que el interés en invertir en la industria de los biocombustibles ha crecido tanto en Estados Unidos como internacionalmente en el último año.
Una de las empresas más grandes de la industria por crearse es un conglomerado de inversionistas estadounidenses y brasileños. La compañía Brazilian Renewable Energy Company (Brenco), está basada en Bermudas y encabezada por el ex-presidente del Banco Mundial, James Wolfenson, fundador de AOL Steve Case, el inversionista Vinod Khosla de Microsystems y el magnate de supermercados Ron Burke los cuales han formado una compañía que comenzará con US$240 millones e intenta captar una inversión total de 2.000 millones de dólares. La empresa estará dirigida por Phillippe Reichstul, el ex-presidente de la empresa nacional del gobierno brasileño Petrobrás. De acuerdo a David Zylbersztanjn, otro de sus inversionistas, antiguo director de ANP (Agência Nacional do Petróleo, Gás Natural e Biocombustibles de Brasil) y yerno del ex-presidente Fernando Henrique Cardozo, el anuncio de la creación de esta inversión es una “sólo una coincidencia” con la visita de Bush a Guatemala en marzo pasado. Brenco anunció el resultado de un proyecto piloto que produjo pequeñas cantidades de etanol de celulosa del bagazo de la caña a sólo 25 centavos de dólar por litro y que esperan producir 50.000 litros por día en 5 años más.
Petrobrás y el Banco Japonés para la Cooperación Internacional (JBIC por sus siglas en inglés) firmaron un memorando de entendimiento entre Petrobrás y algunas compañías japonesas. Estas empresas se dedican a la producción y venta de etanol, plantas para quemar el bagazo de la caña para la producción energética y oportunidades de venta de créditos bajo el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) en el marco del cambio climático.
Pure Biofuels Corporation anunció en junio de este año la construcción de su primera planta en el Puerto del Callao en Lima, a comenzar en octubre del 2007. La planta tendrá una capacidad 52.000 galones por año y se espera que empiece a funcionar en los primeros meses de 2008. Según el fundador y presidente de la compañía, Luis Goyzueta, esta será una de las instalaciones de biocombustibles más grandes de Sudamérica. La compañía ha asegurado el arrendamiento a largo plazo de 60.000 hectáreas en el este del Perú, las cuales se expandirán a 100.000 hectáreas en los siguientes meses. Esta producirá biocombustibles de palma africana y está situada junto a la refinería de Pampilla, la refinería más grande del Perú. Ha hecho memorandos de entendimiento para la venta de biocombustibles con distribuidores para todo el Puerto del Callao.[21]
Otra inversión que ha atraído la atención del público es una asociación similar a la de Novartis con UC Berkeley: se trata del nuevo contrato de British Petroleum de 500.000 millones de dólares para la investigación de los biocombustibles. Una de las críticas más escuchadas es el uso de recursos públicos para el beneficio de la industria privada y problemas con la libertad de cátedra y principios académicos, por no mencionar los impactos al medio ambiente. “Este ha sido un asunto que tanto estudiantes como académicos describen como la prostitución de la universidad que aprovecha para echarle un ojo a la ciencia. El profesor Ignacio Chapela de UC Berkeley lo describió como un “coup de grace” a la idea misma de una universidad que debe representar los intereses públicos”. La realidad es que el descontento con esta alianza pública-privada a beneficio de BP está tanto entre académicos como estudiantes. No es sólo una forma más de subsidio a las corporaciones sino parte de la campaña para ilegitimizar la investigación conducida por la industria para la industria.
Conclusiones
No cabe duda de que es necesario buscar un modelo sustentable de alternativas de energía para el planeta y soluciones a largo plazo que tengan el menor impacto negativo. Para poder llegar a este resultado es indispensable no sólo aplicar un modelo adecuado para cada país y cada región de manera eficiente y sustentable sino también cambiar el comportamiento social y económico con respecto al consumo de energía. Es necesario planificar una infraestructura regional con un modelo donde el uso de energía sea limitado. Las Instituciones Financieras Internacionales y los dirigentes de los distintos gobiernos deben realizar estudios independientes a las corporaciones e invertir en infraestructura realmente necesaria para los pueblos. Un ejemplo claro del modelo equivocado es IIRSA, (Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana). Esta iniciativa está liderada por el BID y otros bancos regionales (CAF y FONPLATA). IIRSA está basada en un modelo exportador y extractivo cuyo enfoque está en la construcción de mega proyectos ¿Tiene sentido construir nuevas carreteras intercontinentales en lugar de trenes eléctricos, o energía eólica cuando nos encontramos al borde de una crisis petrolera? Las Instituciones Financieras Internacionales deben asumir su responsabilidad y construir verdaderas alternativas sustentables de infraestructura para preparar a la región para una nueva era energética. El BID debe de tener una Política de Energía exhaustiva, donde se busque un modelo participativo y sustentable para la región.
El tema de los agrocombustibles, aún asumiendo y mitigando todos los impactos negativos, deja abierto el cuestionamiento de su viabilidad económica. El razonamiento de que el modelo funciona está basado en la experiencia brasileña la cual ha necesitado de sustanciosos subsidios provenientes del Estado. De este razonamiento se puede deducir que la industria empujará para obtener aun más subsidios públicos. El peligro es que los grandes productores de la agroindustria y no los pequeños serán los receptores de estos subsidios.
Las críticas a los biocombustibles no son categóricas sino específicas al modelo propuesto. Hay quienes argumentan que hay otro tipo de biocombustibles que si bien no son un recurso ilimitado o un gran negocio multimillonario son una alternativa interesante a explorar como lo es el uso de aceites reciclados. Por ejemplo, el aceite usado para freír las papas en los restaurantes de comida rápida como en el caso de McDonalds en el Reino Unido donde este año más de la mitad de su flotilla utilizará aceite reciclado de sus mismos restaurantes en lugar de diesel.[22] También hay otras alternativas que son las mismas que se han propuesto para mitigar los efectos de la “revolución verde”: se puede pensar en la viabilidad de plantíos orgánicos y a pequeña escala de diversos cultivos que sean eficientes en cada región. Esto en combinación con la utilización de diferentes tipos de infraestructura a pequeña escala para cubrir las necesidades locales como energía solar, hidroeléctrica, eólica, etc.
El tema de los biocombustibles es un tema complejo que se debe explorar de manera cautelosa e independiente a los intereses de la industria. Es evidente que el modelo intensivo de agricultura de biocombustibles planteado por Brasil y Estados Unidos no es una solución sustentable para todos los países de la región. Las fuertes inversiones de algunos bancos e inversionistas privados están moviendo esta maquinaria a una velocidad demasiado rápida. Es necesario establecer reglamentos y salvaguardas ya que falta mucho por investigar para saber la verdadera viabilidad tanto económica como agrícola de los diferentes tipos de biocombustibles, así como sus impactos sociales, económicos y medioambientales en los diferentes países de la región.
[1] Germán Valdivieso. Dic 12, 2006. “Lanzan Comisión Interamericana de Etanol”, por Germán Valdivieso, Diario de las Américas. Miami. http://www.diariolasamericas.com/news.php?nid=19187
[2] Masami Kojima y Todd Johnson Octubre 2005. “Potential for Biofuels for Transport in Developing Countries”. World Bank. Washington D.C
[3] Priscila Carvalho. Marzo 21, 2005. “Ingenios de alcohol y caña de azúcar ofrecen condiciones de trabajo degradantes”. Brasil. http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?lang=ES&cod=15775
[4] Kojima y Johnson 2005. World Bank. Washington DC.
[5] David Luhnow y Geraldo Samor. Nov. 2006. “La exitosa apuesta de Brasil para reducir su dependencia de los vaivenes del Petróleo”. Wall Street Journal Americas. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=25333
[6] Kojima y Johnson (2005) Op cit.
[7] Dan Morgan. Junio 2005. “Brazil’s Biofuels Strategy Pays Off as Gas Prices Soar”. The Washington Post, http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2005/06/17/AR2005061701440.html
[8] Miguel Altieri and Eric Holt-Gimenez, February 6,2007. “University of California’s Biothech Benefactors” Berkeley Daily Planet. http://www.mindfully.org/GE/2007/UC-Biotech-Benefactors6feb07.htm
[9] Entrevista Bank Information Center con Roberto Vellutini, Banco Interamericano de Desarrollo. Agosto 7, 2007.
[10] Kojima y Johnson (2005: 6).
[11] Entrevista Bank Information Center con Todd Johnson, julio 26,2007. World Bank, Washington DC.
[12] Alana Herro. Junio 8 2006. “Biofuels Provides Opportunities for Developing Countries says Woolfowitz”. World Watch Institute. Washington DC.
[13][1] Entrevista Bank Information Center con Roberto Vellutini. Banco Interamericano de Desarrollo. Agosto 7, 2007.
[14] Comunicado de Prensa, Banco Interamericano de Desarrollo. Abril 2, 2007. Washington DC
[15] Entrevista Bank Information Center con Todd Johnson. Julio 26, 2007. World Bank, Washington DC
[16] Germán Valdivieso. Dic 12, 2006. “Lanzan Comisión Interamericana de Etanol”, por Germán Valdivieso, Diario de las Américas. Miami. http://www.diariolasamericas.com/news.php?nid=19187
[17] The Interamerican Ethanol Commission Press Release. Dic 18, 2007. http://helpfuelthefuture.org/mediaroom-pressrelease-dec18-spanish.htm
[18] IICA Website: http://www.iica.int/
[19] “Brazil-Japan Etanol Investment worth $8 million en etanol”. Marzo 5, 2007. Biopact. http://biopact.com/2007/03/brazil-japan-ethanol-investment-worth.html
[20] Comisión Interamericana de Etanol. http://helpfuelthefuture.org/ourhistory.htm
[21] Página Oficial de Pure Biofuels. www.purebiofuels.com/home.html
[22] Nigel Hunt, 2007. “Fist fried, then Vans: McDonalds to recycle oil”. Reuters, UK.
Fuente: Paulina Novo. Bank Information Center (BIC).
http://www.biceca.org/es/Article.385.aspx
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